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miércoles, marzo 24, 2010

Todo un año...

El día de hoy se cumple un año de la partida de MNL de este plano existencial... 12 largos meses a través de los cuales han ocurrido tantas cosas que cualquiera podría pensar que han sido más meses, más días, más años. Tiempo en el que no sólo no deja de hacer falta, sino que cada vez pareciera faltar más en este y todos los espacios.
 
Ha sido durante este lapso que he venido colgando mes a mes, a manera de homenaje fragmentos de una de las obras más sentidas de Jaime Sabines, como podrán atestiguarlo los asiduos del sitio. Con el fragmento de hoy, cierro esta modalidad de homenaje, aunque, propiamente el honor se rinde a cada minuto, con cada palabra y cada acto y es así como seguirá ocurriendo...
 
El día de hoy... hace ya un año...
 
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)
Jaime Sabines

Primera parte 

VIII

 

No podrás morir.

Debajo de la tierra

no podrás morir.

Sin agua y sin aire

no podrás morir.

Sin azúcar, sin leche,

sin frijoles, sin carne,

sin harina, sin higos,

no podrás morir.

Sin mujer y sin hijos

no podrás morir.

Debajo de la vida

no podrás morir.

En tu tanque de tierra

no podrás morir.

En tu caja de muerto

no podrás morir.

En tus venas sin sangre

no podrás morir.

En tu pecho vacío

no podrás morir.

En tu boca sin fuego

no podrás morir.

En tus ojos sin nadie

no podrás morir.

En tu carne sin llanto

no podrás morir.

No podrás morir.

No podrás morir.

No podrás morir.

Enterramos tu traje,

tus zapatos, el cáncer;

no podrás morir.

Tu silencio enterramos.

Tu cuerpo con candados.

Tus canas finas,

tu dolor clausurado.

No podrás morir.

 

Segunda parte 

V

 

Mi madre sola, en su vejez hundida,

sin dolor y sin lástima,

herida de tu muerte y de tu vida.

 

Esto dejaste. Su pasión enhiesta,

su celo firme, su labor sombría.

Árbol frutal a un paso de la leña,

su curvo sueño que te resucita.

Esto dejaste. Esto dejaste y no querías.

 

Pasó el viento. Quedaron de la casa

el pozo abierto y la raíz en ruinas.

Y es en vano llorar. Y si golpeas

las paredes de Dios, y si te arrancas

el pelo o la camisa,

nadie te oye jamás, nadie te mira.

No vuelve nadie, nada. No retorna

el polvo de oro de la vida.

 

jueves, marzo 18, 2010

Buildings burn...

Casualmente cerca de un lamentable aniversario me encontré por ahí una frase de una de mis pelis favoritas, The Crow. Hoy más que nunca, me hace sentido y... de algún modo me trae tranquilidad.
 
If the people we love are stolen from us,
the way to have them live on is to never stop loving them.
Buildings burn, people die, but real love is forever

miércoles, febrero 24, 2010

11 ya...

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)
Jaime Sabines

Segunda parte 

I

 

Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos,

poco a poco te acabas.

Yo te he ido mirando a través de las noches

por encima del mármol, en tu pequeña casa.

 

Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas,

otro día sin garganta,

la piel sobre tu frente agrietándose, hundiéndose,

tronchando obscuramente el trigal de tus canas.

 

Todo tú sumergido en humedad y gases

haciendo tus desechos, tu desorden, tu alma,

cada vez más igual tu carne que tu traje,

más madera tus huesos y más huesos las tablas.

 

Tierra mojada donde había tu boca,

aire podrido, luz aniquilada,

el silencio tendido a todo tu tamaño

germinando burbujas bajo las hojas de agua.

(Flores dominicales a dos metros arriba

te quieren pasar besos y no te pasan nada.)

viernes, enero 22, 2010

10 meses... lo creerías??

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)
Jaime Sabines

Segunda parte 

IV

 

Un año o dos o tres,

te da lo mismo.

¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana

incesante, silenciosa, llama y llama?

¿qué subterránea voz no pronunciada?

¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito

de los dientes atrás, en la garganta

aérea, flotante, pare escamas?

 

¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados

los brazos y las piernas y la cara,

arrendados al hoyo, entretenidos

los jugos en la cáscara?

¿para exprimir los ojos noche

a noche en el temblor obscuro de la cama,

remolino de quietas transparencias,

descendimiento de la náusea?

 

¿Para esto morir?

¿para inventar el alma,

el vestido de Dios, la eternidad, el agua

del aguacero de la muerte, la esperanza?

¿morir para pescar?

¿para atrapar con su red a la araña?

 

Estás sobre la playa de algodones

y tu marca de sombras sube y baja.

 

miércoles, diciembre 23, 2009

9 meses...

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)
Jaime Sabines

Segunda parte 

III

 

Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo

y van y vienen máscaras.

Amanece el dolor un día tras otro,

nos rodeamos de amigos y fantasmas,

parece a veces que un alambre estira

la sangre, que una flor estalla,

que el corazón da frutas, y el cansancio

canta.

 

Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago,

apostando a crecer como las plantas,

fijos, inmóviles, girando

en la invisible llama.

Y mientras tú, el fuerte, el generoso,

el limpio de mentiras y de infamias,

guerrero de la paz, juez de victorias

-cedro del Líbano, robledal de Chiapas-

te ocultas en la tierra, te remontas

a tu raíz obscura y desolada.

martes, noviembre 24, 2009

8 meses... tanto y tan poco...

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)
Jaime Sabines

Segunda parte 
II

 

 Mientras los niños crecen y las horas nos hablan

tú, subterráneamente, lentamente, te apagas.

Lumbre enterrada y sola, pabilo de la sombra,

veta de horror para el que te escarba.

 

¡Es tan fácil decirte "padre mío"

y es tan difícil encontrarte, larva

de Dios, semilla de esperanza!

 

Quiero llorar a veces, y no quiero

llorar porque me pasas

como un derrumbe, porque pasas

como un viento tremendo, como un escalofrío

debajo de las sábanas,

como un gusano lento a lo largo del alma.

 

¡Si sólo se pudiera decir: "papá, cebolla,

polvo, cansancio, nada, nada, nada"

!Si con un trago te tragara!

¡Si con este dolor te apuñalara!

¡Si con este desvelo de memorias

-herida abierta, vómito de sangre-

te agarrara la cara!

 

Yo sé que tú ni yo,

ni un par de valvas,

ni un becerro de cobre, ni unas alas

sosteniendo la muerte, ni la espuma

en que naufraga el mar, ni -no- las playas,

la arena, la sumisa piedra con viento y agua,

ni el árbol que es abuelo de su sombra,

ni nuestro sol, hijastro de sus ramas,

ni la fruta madura, incandescente,

ni la raíz de perlas y de escamas,

ni tío, ni tu chozno, ni tu hipo,

ni mi locura, y ni tus espaldas,

sabrán del tiempo obscuro que nos corre

desde las venas tibias a las canas.

 

(Tiempo vacío, ampolla de vinagre,

caracol recordando la resaca.)

 

He aquí que todo viene, todo pasa,

todo, todo se acaba.

¿Pero tú? ¿pero yo? ¿pero nosotros?

¿para qué levantamos la palabra?

¿de qué sirvió el amor?

¿cuál era la muralla

que detenía la muerte? ¿dónde estaba

el niño negro de tu guarda?

 

Ángeles degollados puse al pie de tu caja,

y te eché encima tierra, piedras, lágrimas,

para que ya no salgas, para que no salgas.

miércoles, noviembre 11, 2009

Edición especial - Cumpleaños

Hoy, noviembre 11, MNL cumpliría años.

 

Como cada año lo abrazaría, le regalaría una de esas camisas que le gustaban (y que a veces yo mismo me ponía), mamá le prepararía algo sencillo de comer y se la pasarían re-bien…

 

Pa, aunque no estés, aunque técnicamente no haya cumpleaños, te mando el más grande y fuerte de los abrazos…


Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)

Jaime Sabines

 

XVI

(Noviembre 27)

 

¿Será posible que abras los ojos y nos veas

ahora?

¿Podrás oírnos?

¿Podrás sacar tus manos un momento?

 

Estamos a tu lado. Es nuestra fiesta,

tu cumpleaños, viejo.

 

Tu mujer y tus hijos, tus nueras y tus nietos

venimos a abrazarte, todos, viejo.

¡Tienes que estar oyendo!

 

No vayas a llorar como nosotros

porque tu muerte no es sino un pretexto

para llorar por todos,

por los que están viviendo.

 

Una pared caída nos separa,

sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo.

viernes, octubre 23, 2009

7 meses... still

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)
Jaime Sabines

XVII

Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.

Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa y sudor y cataclismo,
y eras el pan caliente sobre la mesa.

Amputado de ti, a medias hecho
hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,
desmantelada el alma, abierto el pecho,

Ofrezco a tu dolor un crucifijo:
te doy un palo, una piedra, un helecho,
mis hijos y mis días, y me aflijo.

jueves, septiembre 24, 2009

6 meses 6

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)
Jaime Sabines
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XIII

Padre mío, señor mío, hermano mío,
amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.

Saca tu corazón igual que un río,
tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío
saca todo tu cuerpo de la muerte.

Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.

Estoy llamando, tirándote la puerta.
Parece que yo soy el que me muero:
¡padre mío, despierta!

lunes, agosto 24, 2009

5 largos meses

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (Fragmento)
Jaime Sabines

XV
Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, vaso mío,
palabra clara, corazón resuelto,

Te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.

Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.

Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, ya hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.

viernes, julio 24, 2009

4 meses 4

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (fragmento)
Jaime Sabines

X
Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!

XI
Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.
Pulmón sin aire, niño mío, viejo,
cielo enterrado y manantial aéreo
voy a volverme un llanto subterráneo
para echarte mis ojos en tu pecho.

miércoles, junio 24, 2009

Hace ya 3 meses...

... o hace apenas 3 meses
 
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (fragmento)
Jaime Sabines

12
Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.

Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.

Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.

Apagarse es morir, lento y aprisa,
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

miércoles, abril 29, 2009

Un mes ya...

ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES (Fragmento)
Jaime Sabines

PRIMERA PARTE

I

Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo.

Convalecemos de la angustia apenas
y estamos débiles, asustadizos,
despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño
para verte en la noche y saber que respiras.
Necesitamos despertar para estar más despiertos
en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.

Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la
alegría.
No lo sabemos bien, pero de pronto llega
un incesante aviso,
una escapada espada de la boca de Dios
que cae y cae y cae lentamente.
Y he aquí que temblamos de miedo,
que nos ahoga el llanto contenido,
que nos aprieta la garganta el miedo.

Nos echamos a andar y no paramos
de andar jamás, después de medianoche,
en ese pasillo del sanatorio silencioso
donde hay una enfermera despierta de ángel.
Esperar que murieras era morir despacio,
estar goteando del tubo de la muerte,
morir poco, a pedazos.

No ha habido hora más larga que cuando no
dormías,
ni túnel más espeso de horror y de miseria
que el que llenaban tus lamentos,
tu pobre cuerpo herido.

II

Del mar, también del mar,
de la tela del mar que nos envuelve,
de los golpes del mar y de su boca,
de su vagina obscura,
de su vómito,
de su pureza tétrica y profunda,
vienen la muerte, Dios, el aguacero
golpeando las persianas,
la noche, el viento.

De la tierra también,
de las raíces agudas de las casas,
del pie desnudo y sangrante de los árboles,
de algunas rocas viejas que no pueden moverse,
de lamentables charcos, ataúdes del agua,
de troncos derribados en que ahora duerme el rayo,
y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo,
viene Dios, el manco de cien manos,
ciego de tantos ojos,
dulcísimo, impotente.
(Omniausente, lleno de amor,
el viejo sordo, sin hijos,
derrama su corazón en la copa de su vientre.)

De los huesos también,
de la sal más entera de la sangre,
del ácido más fiel,
del alma más profunda y verdadera,
del alimento más entusiasmado,
del hígado y del llanto,
viene el oleaje tenso de la muerte,
el frío sudor de la esperanza,
y viene Dios riendo.

Caminan los libros a la hoguera.
Se levanta el telón: aparece el mar.

(Yo no soy el autor del mar.)

III

Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete veces mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!,dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo una tumba algún día).
Me gusta mi rosal de cera
en el jardín que la noche visita.
Me gustan mis abuelos de Totomoste
y me gustan mis zapatos vacíos
esperándome como el día de mañana.
¡A la chingada la muerte!, dije,
sombra de mi sueño,
perversión de los ángeles,
y me entregué a morir
como una piedra al río,
como un disparo al vuelo de los pájaros.